LA ORIENTACIÓN (TAWAJJUH)

 

 

Salua

<< No soy una imagen, si los discípulos quieren verme solo deben hacer el dhikr>>

Sheikh Sidi Hamza

 

 

El Maestro es quién nos guía hacia Allâh, y verdaderamente no es alguien distinto de nosotros mismos, es el corazón de nuestro corazón, aquella chispa impoluta de Luz (Nur) que siempre ha residido en nosotros, el Centro del Ser Universal.

La orientación hacia la pureza y verdad de uno mismo es el pilar del sufismo y uno de los peligros de la Vía, es confundir este centro de luz con la forma individual que toma en sidi Hamza, la idolatría al Maestro como si fuera una criatura, distinta de Dios, distinta de uno mismo y tomar al Maestro por algo finito, un ego enraizado a un cuerpo.

Solo Dios puede guiar hacia Él mismo, y el camino que conduce de Él hacia Él, no puede ser otro que Él.

Basta estar en presencia de Seyyid para ver que él es sin ego, es la sumisión plena a la voluntad de Allâh, ningún resquicio de su corazón adora a otro que Allâh.

Es la presencia viva del secreto insondable de que absolutamente todo es Uno.

¿Y quién es Uno sino Dios?

¿Quién podría dar testimonio de Dios, sino Dios mismo?

No es el faqir el que hace el dhikr, es Dios quién todo lo hace.

El pobre (faqir) es el que renuncia a toda cosa para que Dios, y solo Dios, sea. <<El faqir no posee nada y no deja que nada le posea>>

En su raíz significa que renuncia a la ilusión de lo finito en pos del Infinito, Única Realidad. Ésta renuncia proviene del corazón, el centro del Ser, en el que nace y se origina lo que se manifiesta o no exteriormente.

<<El hombre feliz en éste mundo es aquél que es orientado hacia Dios y que invoca a Dios. El dhakir (invocador) es el feliz, pues todo lo que le llega es dictado por Dios. Todo lo que hace lo hace en nombre de Dios, y Dios no hace sino el Bien>>

La sumisión real a Dios es recordar que “No hay más realidad que la Realidad Divina” (La ilaha ila Allâh), y éste recuerdo hace de la voluntad humana y la divina una sola.

La voluntad de Dios para el mundo es el Paraíso, la herencia del Hombre verdadero, el estado Original o Primordial del Espíritu.<<El Paraíso es el deseo de encontrarse siempre y sin esfuerzos en el corazón del mundo, de la Realidad y la sacralidad, el deseo de superar de manera natural, la condición humana y descubrir la condición divina>> (M. Eliade). Es en éste sentido que la sumisión es la elevación del Hombre.

Como el girasol que vuelve sus hojas siguiendo el Sol, el faqir es orientado a Dios por el dhikr.

<<Para recibir la luz que viene del Maestro, el corazón del faqir debe orientarse hacia la fuente de esa luz, y purificarse para recibirla>>

El corazón, como un espejo, debe pulirse para poder reflejar la luz del Sol. Un espejo sucio no refleja nada.

El trabajo del faqir es la purificación de la-ilusión-de-otro-que-Allâh

<<No es la coexistencia de otras criaturas con Dios lo que te ha velado a Dios, sino la ilusión de esta coexistencia>> (hikam)

Así el faqir deviene cada vez más pobre a los ojos de éste mundo, pues va vaciándose, desnudándose de los lazos que lo atan a él, de posesiones, de vicios, de necesidades falsas y sobretodo de la ignorancia del ego, es decir, se despoja de la ilusión de que es un ser existente distinto de Allâh.

¡Todo es Allâh! Todo aquello que conocemos es Dios, pero también todo aquello que no conocemos.

Y en realidad el pobre es rico, pues renuncia a lo que perece, a lo que es tan solo un sueño en nombre del Absoluto, lo Eterno, el Misterio de Misterios, Allâh.