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LA RELACIÓN CON EL MAESTRO |
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Faouzi Skali |
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Esta noche evocaremos algunos aspectos relativos a nuestra relación con el Sheik. La madre de Nasruddine le había encargo vigilar la puerta de la casa para evitar la entrada de ladrones en la casa. Unas horas más tarde encuentra a Nasruddine paseando por el mercado, con la puerta de la casa bajo el brazo. Cuando le pide explicaciones, ésta responde: “Me dijiste que vigilara la puerta, es lo que estoy haciendo”. Es lo que sucede cuando nos quedamos con la letra perdiendo el espíritu de las cosas. En la enseñanza espiritual hay también una puerta y una casa. Cuando miramos la letra no debemos olvidarnos de mirar el espíritu de la letra. En ocasiones, si no vemos más que la letra creyendo ser muy rigurosos, en realidad estamos despreciando totalmente lo que es esencial. Igual que Nasruddine, quien, no obstante, creía haber obedecido al pie de la letra. Toda la educación de la Tariqa se realiza en la conjunción de letra y espíritu. La “qasida” de Rabi'a al Adawiyya dice: “Permanece en la puerta si quieres la Belleza y abandona el sueño si quieres llegar”. Y alguien preguntó a Seyyid: “Sidi, si he entendido bien a Rabi'a, hay que abandonar el sueño de la inconsciencia si se quiere llegar”. Seyyid contestó: “Empieza antes que nada por abandonar el primer sueño (en el sentido literal del término), y luego ya veremos”. Lo primero es ganar tiempo, dedicar más tiempo a la oración, a la invocación. Las cosas se hacen de forma operativa, no de forma abstracta y teórica. Rabi'a decía: “Permanece en la puerta si quieres la Belleza”. Hay que respetar también la letra, el rito, la “sharia”, si se quiere acceder a lo que está más allá. Hay que entrar en las casas por la puerta. Si se entra por la ventana o por la chimenea, corremos el riesgo de ser tomados por ladrones. Dice el Corán: “Entrad en las casas por su puerta”. Cuando se quiere abordar algo, hay que hacerlo según las reglas del arte instituido, en caso contrario nuestros esfuerzos pueden convertirse en incontrolados y contraproducentes. Lo mismo en la relación con Seyyid. En esta relación hay a la vez lo aparente y lo oculto, la palabra y la alusión (el símbolo). Todo el lenguaje del sufismo se basa en la alusión que permite ver el más allá. Cuando nos aporta una sentencia, hay que mirar más allá pues no es más que indicativa. No hay que quedarse en su literalidad. Dice un proverbio chino: “cuando el dedo señala la luna, hay que mirar la luna no el dedo”. Hay que ir hacia lo que resulta aludido, hacia la significación. Es esta capacidad de comprender la sutilidad de las cosas la que permitirá desarrollar todo el espíritu, todo el adab de la Vía, en relación al Sheik, en relación a los foqara , y naturalmente en relación a los demás. La noción de Sheik es central, pero hay que integrarla con mucha inteligencia y sutilidad. Es central porque el Sheik es el alfa y omega de la Vía. Es la clave de bóveda del conjunto, ya que es mediante su enseñanza como recibiremos todas las indicaciones y alusiones que nos guían progresivamente hacía Dios y hacia el conocimiento de Dios. Y es para esto que estamos aquí. El Sheik nos atrae hacia la proximidad divina. En consecuencia, nace en nosotros un gran amor hacia el Sheik. Dice un hadith : “Los hombres de Dios, los Santos, cuando son vistos, Dios es evocado”. Determinadas personas nos evocan el mundo o el poder, el dinero, o también el arte. Otras personas nos evocan a Dios con su presencia. Su presencia suscita la voluntad de dirigirnos hacia Dios. Hay pues una relación de amor muy intensa. Ciertos hadith se refieren a los hermanos que se aman en Dios: “Dios cubrirá con Su sombra, el día en que no habrá más sombra que Su sombra, dos hermanos que se han amado en Dios”. Se trata de amor en Dios. Para muchos, este amor parece algo excesivo. Pero el amor nunca es excesivo. Si es razonable ya no es amor. Alguien vino a ver a Seyyid diciendo: “¡Sidi, cúrame!”, y Seyyid respondió: “Antes de curarte debo primero herirte”. Qays loco de amor por Líela; los sufís utilizan esta expresión simbólica para hablar de este amor que no tiene límites. Los sufís hablan en imágenes poéticas del Sheik que escancia el vino. Es muy difícil imaginar alguien que conmueva de esta manera los corazones. Se pueden decir muchas cosas con palabras, pero ¿cómo no amar en Dios a ese ser que mueve el corazón, que mueve lo que hay en nuestro interior, que nos hace sentir este amor, esta embriaguez de Dios?. ¿Cómo no amarle en Dios, de una manera que puede parecer incomprensible a quienes no conocen estos secretos, que no conocen ese amor?. Es el amor que los Compañeros sentían por el Profeta (s.a.s.). Es difícil imaginar la clase de amor que tenían por él, hasta el punto que les llevaba a hacer cosas que nos parecen increíbles. Los que no ven más que las apariencias, sin ver el amor que hay detrás, pueden pensar que se trata de culto a la personalidad, de idolatría. Pero el amor por el Profeta era un amor extremadamente profundo. En ocasión de una batalla, un Compañero arriesgó cien veces su vida para recuperar una pequeña capucha del Profeta. Cuando se le preguntó porqué se había arriesgado de esa forma, explicó que en la capucha habían dos o tres mechas del Profeta. Sólo un amor auténtico, profundo, explica tal comportamiento. ¿Cómo hablar de esta de manera razonable? Hay que hablar a la gente en función de lo que pueden comprender. El que siente un amor como el que acabamos de describir, no es como el que no siente nada. Sidi Abu Madyan dice en su qasida : «Di a quienes critican a las gentes del amor: “Si no has saboreado lo que han saboreado las gentes del amor, pues bien, déjanos estar”». ¿Cómo no amar a quien te hace amar a Dios de esta manera? Desde siempre, los sufís se han encontrado en esta situación en las que debían al mismo tiempo, sentir cosas muy profundas, y decir cosas sin salir del ámbito de lo razonable para la mayoría. Cuando se habla de los secretos del amor se paga un precio, como al Hallaj, porque quienes se detienen en la puerta olvidando la casa, no pueden comprender. Los secretos de la fe, los secretos de la proximidad divina, de la intimidad divina. ¿Conoce lo mismo quien está en la intimidad que quien no lo está? ¿Cómo describir todas estas cosas? Es el rol de los Profetas y de los Maestros espirituales. Nos hacen entrar en la intimidad que es la suya. Un dicho sufí afirma: “Sólo baila y se extasía aquel de quien el Cheik está embriagado”. Es el Cheik quien comunica el estado de embriaguez. Abu Hurayra, que recogió los hadith del Profeta, decía: “He aprendido del Profeta dos ciencias, una que os he trasmitido, otra de la que si os hablara me cortaríais la cabeza”. En el adab , hay que hablar a la gente “para que Dios y su Profeta no se vean desmentidos”. Se pueden vivir muchas cosas. Hay estados que sobrepasan lo que nos podemos imaginar. Vemos a muchos en un estado que puede sorprender y que les hacen decir ciertas cosas... Pero hay que comprender lo que dicen, hay que mirar más allá del dedo. El problema, en nuestro caso, es que la luna está en el interior. Para comprender ciertas dichos, hay que estar uno mismo en ese mismo estado. Es por ello que hay la ishara , la alusión espiritual, que permite compartir cosas entre gente que comparte ciertos estados, sin “chocar” por ello con quienes no comprenden la alusión porque están en un estado diferente. Así pues es importante, en relación al adab , al comportamiento en la Vía, guardar la mesura y dejar las cosas en nuestro interior cuando las manifestaciones no proceden de algo profundamente vivido, sin darnos siquiera cuenta. Expresar ciertas cosas puede sembrar la confusión entre quienes nos rodean, y hacerles dudar de si estamos en la idolatría... Dudas y confusión comprensibles. Como decía Sidi Hajj Al Abbas, el padre de Seyyid: “Que Dios ayude a quienes han saboreado y a quienes no han saboreado”. Cada uno tiene su problema. Los que han saboreado viven estados, que les llevan a decir ciertas cosas; los que no viven esos mismos estados no pueden comprender lo que sucede. Es pues importante ser tan comedido como sea posible; forma parte del buen trato, de la compasión por los demás. No hay que poner a Seyyid “en todas las salsas”: “he encontrado trabajo gracias a Seyyid”... ; este tipo de expresiones siembran confusión. Dejemos cada cosa en su lugar. Sabemos lo que es el amor. El amor es inmenso, y a veces es incontrolable. Recuerdo que una de las primeras veces que fui a ver a Seyyid, pude ver a personas que venían de muy lejos, del sur de Marruecos y de otras partes, que recorrían 1.000 kilómetros, que llegaban hasta la puerta de Seyyid y que no conseguían atravesarla. Vivían estados muy intensos y eran incapaces de entrar en la estancia donde se encontraba Seyyid. Y se volvían sin verle. Yo, que en esa época no sentía nada, me sentía orgulloso y me decía “yo puedo estar a su lado, y no me sucede nada”. No es hasta más tarde que empecé a preguntarme por lo que venían a ver esos foqara , por el estado en que se encontraban en su incapacidad de acercarse a Seyyid”. Habéis podido constatar que el propio Seyyid, por compasión y por buen trato, habla siempre con palabras sencillas, que todos comprenden. Siempre que es posible hay que ser simples, hablar simplemente, permanecer en los cánones de las cosas compartidas, sin sembrar ninguna confusión; a menos que nos encontremos con personas con las que se pueda hablar de esas cosas. Lo que importa es tener una relación espiritual, sentir cosas interiores. La primera relación con el Cheik es eminentemente, fundamentalmente espiritual. Como dijo el Profeta cuando alguien fue a verle: “¿has venido a preguntarme sobre la rectitud?”, “sí Profeta” le respondió aquel hombre; “Pregúntale a tu propio corazón” le dijo el Profeta. La acción de guía de Seyyid es efectiva si se está realmente en la verdadera orientación, el espíritu adecuado. Es algo muy cercano, basta preguntarle al corazón. La vía viva integra toda la amplitud de nuestro ser, todos los distintos niveles desde lo más humano a lo más espiritual. Cuando se trata de su salud, Seyyid confía en su médico, y cuando éste le prescribe algo, obedece con una disciplina extraordinaria. Recuerdo que cuando Seyyid seguía un tratamiento de gotas para sus ojos, antes de que fuera operado, el médico que se los cuidaba desde hacía diecisiete años, me dijo: “Si explicara en un congreso médico que un paciente de glaucoma se mantenía en buen estado desde hacía diecisiete años a base de gotas, me hubieran considerado un charlatán. Debo decir que me ayuda mucho por el rigor con que sigue mis prescripciones”. Seyyid pide siempre el consejo de personas competentes en sus respectivos campos: No piensa “soy un santo, todo lo puedo...”. Seyyid se conduce con la humildad de las gentes de Dios. Cuando el Profeta dio consejos de agricultura que no dieron buen resultado, dijo “sabéis más que yo de las cosas de vuestro mundo”. El faquir debe ser razonable, sensato, comedido. Cuando habla con alguien, sabe de qué habla, sabe cómo habla, habla en términos mesurados. No habla para sí mismo, de cualquier manera, como le salga. Tiene esa conciencia en las relaciones con los demás, sabe preservar a los demás y en cierta manera protegerlos. No habla con las haqaiq (las verdades, las realidades divinas), porque eso puede ser una forma de expresión pronunciadamente egótica. El faquir habla de las cosas de manera extremadamente lúcida, sin orgullo, reconociendo a cada uno sus competencias, sin pretensión; sigue el modelo de su Cheik, que a su vez sigue el modelo del Profeta. Sin embargo, hay determinadas cosas en las que se pide la opinión al Cheik. En ocasiones, los Compañeros pedían indicaciones al Profeta respecto a su matrimonio o a otros aspectos de la vida. Es parte del compañerismo. Es algo que debe mantenerse de manera natural, sin que se convierta en una especie de oráculo al que se consulta antes que nada, pensando que con el idhn todo está asegurado. Sería una manera formalista de ver las cosas. Mirar el dedo en lugar de mirar la luna. No es un seguro o una garantía lo que vamos a buscar en Seyyid. No es con este espíritu como se han de hacer las cosas. Las cosas deben hacerse con naturalidad; si se és alguien cercano a Seyyid, se puede aprovechar la ocasión para pedirle consejo, de manera espontánea. En caso contrario hay que basarse en la propia reflexión, la propia razón y experiencia, y el consejo de los demás para tomar las iniciativas y decisiones adecuadas. Podemos también por ejemplo pedir consejos al moqaddem , que puede darnos el tono del espíritu de la vía, de lo que puede ser deseable. Pero todo ello sin un formalismo excesivo. No precisamos ningún idhn para poner un pie delante de otro al andar. Además, Seyyid puede darnos el idhn, por ejemplo, para casarnos, pero suceder que nuestro comportamiento haga fracasar ese matrimonio. El idhn no lo garantiza todo, no es un seguro a todo riesgo. Hay momentos en que podemos encontrarnos confusos, y necesitar luz y orientación; momentos en los que puede ser bueno esperar a comentarlo con el Cheik, directamente o a través de otra persona. Pero el recurso al idhn del Cheik no debe ser algo sistemático, mecánico; no es éste el espíritu de la Vía. “Nuestra ciencia es alusiva; cuando se hace explícita, se oculta”. Puede pasar que algo no funcione después de haber recibido el idhn , debido a nuestra manera de realizarlo, y ello puede llevar al faquir a contrariar la magnificación de su maestro. Hay pues que prestar atención a todo ello, dar prueba de madurez y de comprensión de la Vía y de sus sutilezas. Comprendemos lo que Seyyid nos enseña con palabras si lo sentimos en el fondo de nosotros mismos, ya que cuando estamos bien orientados se comprende desde el interior, y aprendemos también del comportamiento de Seyyid, de su comportamiento diario, que es una enseñanza viva y permanente.
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