TEMAS DE MEDITACIÓN
La
confianza
La
orientacion
Rigor
y belleza
Autorizacion
divina y secreto
Guía
y Discípulo
Tawakkul - La Confianza
En el Nombre de
Dios, el Clemente, el Misericordioso
1 – Definiciones
Tawakkul proviene de la raíz WKL
( wakala) que quiere decir procurar, estar pendiente.
“ X wakala Y “ significa que X cuenta con Y para representarlo
y defender sus intereses.
La tawakkul es una actitud del corazón que se remite a
su mandatario tal y como Jurjani dice en su “ Libro de las
definiciones “ “ Es la firme confianza del que está
en casa de Dios, no fundamentar la esperanza en la asistencia
de los seres humanos “. Por lo general se traduce tawakkul
por “ entrega confiada “ o por “ abandono en
Dios “, tal y como queda dicho en el hikam 26 de Ibn Ata
Allah “ Y en Ti yo me abandono, no me abandones “
o Ibn Ajiba “ el abandono en Dios es cuando el corazón
tiene tal confianza en Dios que no se apoya mas que en Él.
Donde esté este ser ligado a Dios, el se remite a Él
en toda cosa, sabiendo que Él es el conocedor de todas
las cosas y reconociendo lo que está en Sus manos y lo
que está entre las nuestras “
2 – Condiciones
El ser humano se remite a alguien del
cual se piensa que posee ciertas cualidades (bondad, capacidad
de guía...). En el Corán (11, 123) se dice: “
A Allah pertenece el misterio de los cielos y de la tierra. De
Él proceden todas las órdenes, así pues adórale
y confíate a Él. Tu Señor no es indiferente
a lo que haces. “ La primera parte de la aleya enuncia las
cualidades divinas (la ciencia, el poder y la guía del
camino) que justifican que uno obedezca a la prescripción
que sigue (confíate a Él). En el Hikam 241 se explica
lo mismo “ Aquél que sabe que todo está en
las manos de Dios se concentrará en la entrega confiada
a Dios “.
Uno no puede mas que contar con Él, y sólo en Él,
como Abraham que la Paz sea sobre él, cuando Nimrod y su
pueblo decidieron de levantar la mano contra él y lo echaron
al fuego. Gabriel, que la Paz sea sobre él, vino a preguntarle
¿ qué puedo hacer por ti? y él respondió
“ tu, nada “ y luego añadió “
Dios es suficiente para mí, el más excelente protector
“ (Hasbuna’llah wa nimal wakil)
3 – Dificultades
Ellas provienen 1) de la debilidad de
la certidumbre de la Omnipotencia de Dios y 2) de la debilidad
del corazón, por cobardía o a causa de las ilusiones
y los apegos de nuestro ego
La confianza esta pues condicionada por la fuerza del corazón
y el poder de la certidumbre, y es el dhikr el que permite reforzar
estas condiciones y ayuda a dominar el ego, tal y como dice Dhul-nun
el Egipcio “ el signo de la entrega confiada es que uno
cesa de tener codicia “. Es así como uno puede resistir
las tentaciones de Shaytan ya que su objetivo es arrebatarnos
la confianza en Dios. Abu Uthman dice “Jesús, la
Paz sea sobre él, rezaba en lo alto de una montaña
cuando Iblis se acercó y le dijo “ ¿ Eres
tú el que afirmas que todo está sujeto al decreto
de Dios?
Si, respondió él. Entonces
tírate de esta montaña diciendo “ mi destino
está predeterminado ¡¡”. Maldito seas¡¡
Es Dios quien pone la prueba a Sus servidores, no los servidores
los que Le ponen a prueba. Todo lo que se le exige a un servidor
es la entrega confiada y la gratitud por Sus gracias benévolas
“
4 – Los tres estados de tawakkul
en el servidor
Diferentes autores han hablado de estos
estados a través de los siglos con la misma tipología:
A. Estado del servidor que tiene confianza en Su protección
y Su providencia, sin pedir nada a cambio
B. Estado (intenso) comparable a aquél que tiene un bebe
con su madre. El no conoce a nadie mas que a ella, no se dirige
a nadie mas que a ella y sólo cuenta con ella. Este es
el tawakkul verídico, el de la elite.
C. Estado (todavía mas profundo) comparable a aquél
que es un cadáver en las manos del lavador de muertos,
la elite de la elite. “ Yo me confío a Dios mi Señor
y vuestro Señor. No hay ninguna criatura viviente que El
no la tenga asida por su flequillo.” ( 12, 56 )
A propósito de estos estados,
Ibn Ajiba ha dicho “ En aquellos del primer estado, a veces
les asalta una duda en el pensamiento. Aquellos del segundo hay
un punto de recelo pero se agarran a su madre porque están
en estado de necesidad. En cuanto a los del tercero, no hay ni
duda ni agarre pues ellos están anulados a su propia alma
y atendiendo, en todo momento, a lo que Dios haga de ellos “
5 – Obras de los que prueban la
tawakkul
Es un contrasentido bastante frecuente
relacionar la tawakkul con la inacción, paralización
o el dejar hacer, contrasentido porque es todo lo contrario; es
precisamente a través de los actos del servidor que se
revela la tawakkul, lo que hace para atender a sus propósitos
y para realizar sus proyectos. Según Al – Gazzali,
se puede considerar que hay cuatro maneras de actuar que, bajo
ciertas condiciones, nos remiten a la verdadera causa del tawakkul
en el servidor.
1 - Actuar para obtener cualquier cosa
• De las cosas necesarias : por
ejemplo de los medios de existencia , lícitos, por supuesto
.Atender pasivamente que las cosas que necesitamos nos lleguen
no es tawakkul. El tawakkul es hacer lo que uno tenga que hacer
para que la solicitud de Dios se manifieste. El califa Omar decía
: “ El mutawakkil, el confiado, es aquél que siembra
el grano y después se remite a Dios “. Hay que tender
la mano para que Dios ponga el alimento, pero es Dios el que procura
el alimento y la comida por el efecto de Su solo favor, no por
la mano tendida. Exactamente igual que el alimento del corazón
es una gracia que Dios nos hace, no el resultado de nuestro esfuerzo.
Ibn Atta Allah dice en uno de sus hikams : Si Allah te abre la
senda del conocimiento, ¿ qué importa que tus obras
sean mínimas ? La senda sólo la ha abierto para
darse a conocer por ti. ¿ Acaso ignoras que el conocimiento
es su don y las obras tu ofrenda? ¿ Qué medida común
puede existir entre lo que El te da y las ofrendas que tú
le haces ?
• De las provisiones para el provenir,
como el Profeta (s.a.s. ) hizo aprovisionándose en su camino
para la Hégira . Es la ciencia útil de la que habla
el Profeta: el equipaje útil, pero no suficiente, que hay
que buscar para el viaje. Atención, no se trata de poner
en duda la capacidad de Dios de atendernos, lo cual sería
una provocación a Su deferencia, una manera de desafiarLe,
de ponerLe a prueba.
• La perfección. La búsqueda de la perfección
en el trabajo no es contraria al tawakkul en la medida en que
se trata de hacer las cosas tal y como ellas deben ser, según
la Ley, dentro de la obediencia a las prescripciones divinas.
Lo contrario es la búsqueda de la perfección para
el espectáculo, que en definitiva no es otra cosa que la
satisfacción de los deseos del ego
2 – ahorrar
Aquí no se trata de ahorrar porque uno duda de la solicitud
divina, sino porque, precisamente, es un medio por el que ésta
se manifiesta. Así, el mismo Profeta ahorraba, cuando podía,
con el fin de aliviar las necesidades de las gentes que restaban
con él: su familia y compañeros
3 – protegerse de las dificultades
Antes de dirigirse a Dios para que El nos proteja, debe hacerse
lo que debe ser hecho. Como aquél que comienza por amarrar
su camello o por cerrar su puerta con el fin de guardar sus posesiones
de los ladrones, para luego remitirse a Dios y no decirse a si
mismo, en caso de problemas, “ si hubiera hecho así
o asa, esto no hubiera sucedido”. Que el medio de protección
impida el mal no depende de nuestra habilidad de protegernos sino
de la gracia que Dios no hace de protegernos (de aquí la
fórmula a udhu billahi mina....). El Profeta era un perfecto
ejemplo de ésta manera de confiarse a Dios cuando él
decía “ Dios mío, no me dejes sólo
con mi ego ¡¡”. Pero no lo decía sin
antes haber asumido sus responsabilidades: la purificación,
el respecto de la Sharia, el recuerdo de Dios, los actos de adoración..
etc.
4 – eliminar el mal
Dios ha creado los remedios contra las enfermedades que El ha
creado. Estos remedios son para que nosotros los utilicemos y
no contradicen en nada el tawakkul. Así como el dhikr es
el remedio contra las enfermedades del corazón eliminando
poco a poco las causas. La eficacia del remedio no se dirige al
esfuerzo de aquél que lo utiliza sino a Aquél que
lo ha creado, el cual nos concede el favor por el hecho de confiarnos
a El.
Los efectos de la confianza
Según Yunaid “ la entrega confiada, en su realidad
profunda, es que el hombre esté atento a Dios como cuando
el no existía. Y Dios será de este modo para el
tal lo que el hombre ha dejado de ser “. Poner la confianza
en Dios es pues uno de los medios de retorno a Dios, de retorno
a Su proximidad. Ahí es un secreto entre el servidor y
su Señor: la total confianza es el abandono del tawakkul,
la extinción en Él.
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La Orientación ( at- Tawajjuh
)
El acceso a Dios pasa por la unión con la Realidad espiritual
del Profeta (el Haqiqah Muhammadyah). Esta conformidad interior
y exterior con la Realidad espiritual profética tan sólo
se puede obtener a través de un intermediario cualificado:
un guía espiritual auténtico que haya realizado
en él mismo la perfección de las cualidades muhammadianas.
El maestro espiritual constituye la “puerta”
por la que pasa el discípulo para viajar hacia Dios. El
maestro espiritual perfecto es aquél que actualiza en el
mundo la Realidad del Profeta y la hace accesible por la Misericordia
divina. Dios ha dicho: “Yo era un tesoro escondido, quise
ser conocido y entonces creé el universo”. En éste
sentido la Tradición nos explica que la primera ”acción”
de Dios fue coger una chispa de Su Luz y darle la siguiente orden:
”Sé Muhammad”. La luz de Muhammad proyectada
de ésta manera es la más grande de las misericordias;
ella precede y engloba toda cosa. En ella y por ella está
el camino de retorno a Dios. Tesoro de los tesoros, la llama nos
llega mediante una herencia perfecta, auténtica e infalible
en la persona de aquél que ha recibido en depósito
el secreto espiritual del Profeta: Sidi Hamza – Que Dios
esté satisfecho de él -.
A partir de éste previo la cuestión
de la orientación (tawajjuh) hacia el maestro espiritual
toma su verdadera perspectiva. Sidi Hamza hace de la orientación
hacia él la piedra angular de su enseñanza:
? “ Mientras yo viva, sólo
hay que orientarse hacia mi”
? “ La orientación debe de ser exclusiva hacia el
Maestro y siempre tiene que estar presente en el corazón
del discípulo. Sidi Abu Madyan decía que para él
no era necesario ni orientarse sobre sus propios hijos”
? “Todo esto es una alusión, ahora os toca comprender”
Según la función espiritual
que él asume, la orientación hacia el maestro espiritual
es una orientación que pone al ser del discípulo
en el eje de la realidad espiritual del Profeta y, en consecuencia,
en el camino de la Verdad y la Realidad Divina (al Haqq). Hay
que precisar que es imposible dar una explicación racional
de la orientación pues esta es un “gusto” que
aumenta con la práctica de la Vía. Precisemos que
tampoco hay forma de justificar la orientación: el simple
hecho de estar prescrita por el maestro espiritual es suficiente
para el discípulo. Ahora bien, meditando sobre esta práctica
tan específica de la enseñanza de Sidi Hamza al
Qadiri al Boutchichi, ella puede, por la Gracia de Dios, contribuir
favorablemente a purificar y fortalecer nuestros corazones. Fundada
en el Santo Corán, la orientación constituye, simultáneamente,
un esfuerzo sobre el si mismo, un estado espiritual (hal) y una
estación (maqam) en el camino del conocimiento divino.
1 - At-Tawajjuh, una palabra diferente
Sidi Hamza utiliza siempre el mismo termino
–tawajjuh- para designar la orientación. Esta palabra
remite a una raíz coránica esencial: “Wajh”
que designa la Faz de Dios en el Corán. Así pues
la orientación hacia el maestro espiritual indica una orientación
hacia Dios y, con más precisión todavía,
una orientación hacia Su Faz. Esta orientación –
at-tawajjuh- revela una perspectiva particular pues es el germen
de un grado de contemplación más elevado; el que
está fijado en la Esencia.
“Sólo subsistirá
la Faz de Tu Señor, llena de Majestad y Nobleza”
(Corán 55,27)
“El Paraíso es el Infierno
del sabio” dice un proverbio sufí. En efecto, sólo
un corazón puro puede no desear otra cosa que contemplar
la faz de Dios: el Paraíso o la Luces más sublimes
no tienen ninguna realidad para aquél que busca a Dios
por Dios mismo. Ibn Atta Allah nos explica”: Dios te da
el permiso de mirar lo que hay en las cosas, pero no quedarte
en ellas”. ”Mirad lo que está en los cielos
y sobre la Tierra” (Corán 10,101). En las palabras
“en los cielos” se abren para ti las puertas de la
comprensión. No ha dicho “mirad los cielos”,
lo cual te habría llevado a constatar la existencia de
los cuerpos celestes”
¿ No explica el Corán que
el mismo Profeta, en su ascensión milagrosa hacia Dios
se aproximó “a menos de dos medidas de arco”
y que “la mirada no se le desvió”?. Esta excelencia
de la dirección de la mirada del Enviado de Dios es evocadora,
en todo el recorrido espiritual, de la importancia y la necesidad
de mantenerse firme en la orientación precisa.
“ A veces los corazones restan gozosos en la Luces, igual
que las almas pasionales se quedan obnubiladas por la opacidad
de las cosas exteriores” escribe Ibn Atta Allah en uno de
sus Hikams..
At-Tawajjuh, la orientación, contiene ya, en ella misma,
la promesa de la finalidad.
2 – La orientación : una
práctica coránica
• Corán 6, 52
“ Y no reposan aquellos que, mañana y tarde, imploran
a Su Señor, buscando Su Faz”
• Corán 18, 28
“Y sé constante en la compañía de aquellos
que invocan a su Señor mañana y tarde anhelando
Su Faz, no apartes tus ojos de ellos por deseo de la vida de este
mundo ni obedezcas a aquel del que hemos hecho que su corazón
esté descuidado de Nuestro recuerdo, sigue su pasión
y su comportamiento está desbocado”
Tal y como atestiguan estos versículos
el hecho de volverse interiormente hacia la Faz de Dios no es
una innovación. Siempre observamos que el Corán
menciona esta práctica como una prescripción. El
Corán, pues, confirma de esta manera la práctica
consistente en orientar la mirada de nuestro corazón hacia
aquellos de entre los hombres que están en el Dhikr permanente
en la Faz de Dios. ¿No constituye pues este versículo
una precisa evocación del rol de intermediario (Wassita)
que asume el maestro espiritual perfecto?
Todavía hay una confirmación
mas clara en la primera sura del Corán, (Fatiha): el Santo
Corán se presenta todo él por entero como una orientación,
una dirección clara hacia el recto camino (sirata al mustaquim).
Si la orientación hacia la Qibla permite una direccionalidad
para el cuerpo en rezo, la orientación hacia el Maestro
ofrece una dirección para los corazones. A diferencia de
las plegarias, cuyos tiempos y ritmos son finitos, la orientación
del corazón es permanente e ininterrumpida.
3 – Entregar el corazón
a Dios
El discípulo de la Vía,
en su deseo de Dios, atiende a una sola cosa: la unión
con la Presencia de su Bien Amado. La práctica de la orientación
hacia el maestro espiritual permite “poner en contacto”
la demanda del aspirante (murid) con el Don de su Señor.
El primero de estos dones, y el más importante, es la educación
espiritual pues solo a través de la orientación
se puede recibir la enseñanza del maestro. Esta enseñanza
es una gracia divina que transforma el corazón de los seres
que la reciben y los despierta a la Presencia del Unico. Sidi
Hamza explica que aquel que quiere recoger el agua de la lluvia
en una copa no lo conseguirá si la copa está vuelta
hacia abajo. Bien al contrario, si ella está dirigida al
cielo ella recibirá todo lo que descienda. Los corazones
son las copas del amor divino y el maestro el escanciador.
Mediante el pacto iniciatico el discípulo
se compromete, de manera sincera, a ser el receptáculo
de la Luz de Dios. At-Tawajjuh, la orientación, es la primera
condición para que una relación educativa vivificante
y transformadora se instale entre su Maestro y él. Tal
y como dice Ibn Atta Allah en uno de sus Hikams “Aquellos
que viajan hacia El están guiados por la Luces de su orientación”.
Corresponde al discípulo mantener
una elevada calidad de recepción a la presencia del Maestro
ya que él es el Guía y compañero de todos
aquellos a los que toma la mano: orientarse es abrir el corazón
a la verdad de esta fraternidad en cada instante, en cada uno
de nuestros soplos.
La orientación está presente
cuando la mirada del discípulo se cruza con la del Maestro.
Ella preside el reencuentro de las almas y posibilita entregar
nuestro corazón a Dios. Es así como el discípulo
se expone, por entero, a los favores divinos. El estado del discípulo
conduce a un estado espiritual de servidumbre que hace del acto
de orientación una verdadera acción de adoración
divina.
Poco a poco, como qibla de los Corazones,
el Maestro espiritual canaliza hacia el toda la energía
espiritual que vivifica la demanda del discípulo. Restableciendo
el corazón en una única orientación, el discípulo
se prepara para pasar del estado interior de politeísmo
al de monoteísmo; “la ilaha illa Llah” “no
hay mas divinidad que La Divinidad”. Desde este punto de
vista la orientación no se presenta solamente como una
práctica espiritual, ni tampoco como una necesidad ineludible,
sino simplemente como un adab, un decoro espiritual vis a vis
con Dios.
4 – Del esfuerzo a la Gracia
Sidi Hamza insiste en la necesidad de
mantener una orientación exclusiva hacia él, por
lo cual hay que redoblar el esfuerzo de vigilancia para mantener
nuestro corazón en la dirección del Maestro espiritual.
a) Un esfuerzo permanente
Las condiciones actuales del mundo provocan,
generalmente, el miedo en los aspirantes de Dios: no hay nada
que facilite la concentración, la meditación o cualquier
otra forma de actividad interior, lo cual puede provocar la legítima
duda sobre la posibilidad de realizar una orientación espiritual
verdadera en estas condiciones.
La energía espiritual que emana
de la autorización espiritual de Sidi Hamza es suficiente
para practicar y seguir su enseñanza en un contexto occidental:
es una realidad atestada y vivida por los discípulos que
no deja lugar a dudas.
En su realidad vivida, la experiencia
de la orientación es una evidencia que se impone por ella
misma y lo impregna todo. La orientación es un gusto que
responde a una cierta determinación del alma: ella es una
Luz que construye su nido en el corazón. No se concibe
sobre un plan exclusivamente mental, aunque sus reflejos lo iluminen
ocasionalmente, porque ella es una luz espiritual que puede clarificar
el campo de nuestra conciencia mental sin necesidad de disolver
las formas que encuentra a su paso. Es así como es posible
y normal trabajar, comer, hablar, reflexionar..... orientándose
siempre de la manera conveniente. Tal y como indica Ibn Atta Allah:
“ el sol del día desaparece en la noche, pero el
sol de los corazones jamas se pone”
Por naturaleza propia la orientación
no es una actividad mental, sin embargo, en su Misericordia Dios
ha permitido que las herramientas de trabajo que nos ayudan en
la obtención de esta luz aparezcan en el orden de las cosas
más accesibles. Por esto Sidi Hamza nos dice: “ Ponedme
en vuestro corazón y todo el resto de hará aunque
no lleguéis mas que a orientaros en alguna cosa vaga o
fugaz, aferraos a ella y manteneros. En la Vía no hace
falta preguntar el porqué ni comentar, solo dejaros guiar.
Una persona que se sumerge en el océano con sus vestidos
se irá a pique porque está obstaculizada: hay que
dejar todo el vestuario para poder nadar libremente.
Algunos consejos para obtener una buena
orientación:
• Perseverancia y regularidad en las prácticas y
el servicio a la Vía en todas sus formas
• Imtithal : conformarse a las indicaciones del Maestro
o responsables respecto la invocación, asiduidad de las
reuniones, respecto a las convenciones entre foqqaras, generosidad
y don de si.... etc.
• Magnificar al Maestro, la Vía en su conjunto así
como a la Creación toda entera.
Desde un punto de vista más práctico hace falta
saber que:
• Visualizar la cara del Maestro
es suficiente para comenzar a orientarse
• No hacer caso de las sugestiones de nuestro ego, sus presencias
son normales y constituyen una consecuencia natural del trabajo
que se está operando en nosotros. Toda la purificación
interior supone la aceptación de las sombras que llevamos
dentro.
• “No estés esperando a que cesen en ti las
alteraciones, pues entonces, no estarías atento al estado
en el que El te pone” Ibn Atta Allah
Este último punto se nos revela
particularmente útil para tomar conciencia sobre la cuestión
de la culpabilización. Todo el tiempo que nos pasamos culpabilizándonos,
evaluando la gravedad de nuestras faltas... es una preciosa energía
perdida y no canalizada hacia nuestro único objetivo: la
orientación al Maestro.
b) Un don de Dios
Existe una orientación perfecta
y permanente que Sidi Hamza llama “ La Gran Orientación”
(at-Tawajjuh el Kebir). Esta es un pura Gracia de Dios y su obtención
no está condicionada ni puede responder a un mérito
atribuido al discípulo. Mas allá de un simple estado
espiritual, la gran Orientación es una estación
espiritual. Favor divino, toda ella es una pura emanación
de la generosidad de Dios.
El trabajo sobre uno mismo es absolutamente
necesario, pero el resultado no nos pertenece.
Esfuerzo y gracia, germen y fruto. Dios
es el mas Sabio.
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Rigor y belleza
Se describe a menudo el camino como un movimiento circular en
espiral ascensional y no como línea recta que se pierde
en el infinito. Ese movimiento nos hace pensar en los derviches
giróvagos. El derviche gira describiendo círculos,
pero interiormente su alma se encuentra en una espiral ascensional
provocada por la atracción del punto de focalización
interior. La orientación hacia ese punto central es lo
que nos permite reajustarnos; ese reajuste permanente nos provoca
una atracción.
El camino entonces nos aparece como una incesante danza manifestándose
en múltiples formas; cuando meditamos, nuestro mental,
nuestros pensamientos son atraídos hacia ese Centro. Utilizando
nuestro zikr, polarizándonos con atención sobre
la búsqueda de una orientación, manifestamos nuestro
deseo de unirnos a la fuente divina, la fuente del significado
que se encuentra en cada uno de nosotros ¡Además
en ciertos momentos tomamos conciencia que lo que resulta de nuestra
actividad, más que la expresión del resultado de
nuestro deseo, es la llamada de la fuente que se manifiesta! Y
nos damos cuenta que si esta llamada no estuviese inscrita en
nosotros desde el origen, jamás hubiésemos sentido
el deseo del viaje interior.
Volver sin cesar "al telar" nos lleva reajustarnos al
camino; es como cavar un pozo que nos permita acceder a la fuente
aunque desconozcamos su profundidad.
En el sufismo, se hace mención a dos caminos: el de Misericordia
( Belleza) y el del Rigor ( Majestad) Puede parecer que este ultimo
requiere de entrada una gran disciplina y una cierta renuncia,
dando mucho y recibiendo muy progresivamente; el primero en cambio,
es el sabor de la vía lo que nos llevaría a transformarnos.Pero
conviene estar atento, porque oponer Majestad a Amor ó
Misericordia, puede por simplificación abusiva llevarnos
a conclusiones erróneas.
Tenemos que estar particularmente atentos al hecho que tanto Misericordia
como Rigor son copartícipes a las dos vías. Sin
embargo, en un caso como en otro las cosas no se presentan en
el mismo orden ni las formas que revisten cada vía son
forzosamente las mismas.
Esto significa que nuestra exigencia de rigor tiene que aumentar
proporcionalmente a la misericordia que nos es prodigada. Como
se puede ver esta actitud es contraria a la tendencia que consiste
en creer, que en una vía de amor podemos sin rodeo abandonarnos
y dejarnos ir a los acontecimientos, que todo vale, con el pretexto
que al ser la compasión lo primero, no hay nada más
que hacer, que esperar.
En definitiva de lo que se trata es de saber lo que se recibe,
y bajo esta perspectiva la vía de Misericordia puede muy
bien estar sembrada de muchas y más grandes puebas que
la vía del Rigor.Incluso¡ puede que exija de nosotros
un mayor rigor! Por lo contrario, la vía en la que nos
invitan desde el principio a una extrema vigilancia, aparece como
la de mayor compasión.
No pensemos por lo tanto que existan vías más fáciles
y complacientes que otras y no olvidemos también que todas
las vías verdaderas son vías de Dios. Como ejemplo
se nos ofrece el del agua: este fluye, siempre adaptándose
al terreno, de la misma manera el agua del Espíritu toma
en cuenta nuestra disponibilidad y nuestra disposición
a recibir. En un caso como en otro la exigencia es la misma: tenemos
que despertar y sacudirnos de nuestro torpor. ¿No es acaso
esta exigencia la prueba de una gran compasión y una de
las gracias más excelsa que se pueda obtener?¿No
consiste quizá la mayor misericordia, hacernos comprender
que la única cosa necesaria y suficiente, es la obra espiritual?
El radical retorno a uno mismo nos permite tomar conciencia de
todo lo que se nos escapa y del profundo sueño que nos
envuelve desde hace tanto tiempo.
Esto hace pensar en aquella historia del libertino que decía":
¡Cómo ya no nos queda suficiente tiempo para beber
en copas, bebamos en jarras!". Tenemos que tomar conciencia
que el tiempo de que disponemos huye vertiginosamente y que hemos
venido aqui hacer algo importante y esencial. Es para este propósito,
para lo que estamos aquí, aunque la mayoría de las
veces, sumergidos por el torbellino de nuestras preocupaciones
inmediatas nos olvidemos de ello. Por consiguiente, es primordial
que se establezca una exigencia de rigor, porque cada instante
es eco de esta exigencia. Y en la sucesión de los instantes
donde nuestras vidas se consumen, podemos estar atentos a la llamada
intima que nace y surge en nosotros.
La exigencia y el rigor son lícitos cuando se manifiesta
la conciencia de la llamada. Más la conciencia de la llamada
es grande y más se impone como legitimas y saludable, la
exigencia y el rigor. La compasión resulta y aparece dentro
del campo de esta aguda conciencia.
En realidad, la exigencia de rigor viene dada por la toma de conciencia
de nuestra inconciencia; y más aguda es esta concienciación,
más claramente comprenderemos todo el camino que nos queda
que recorrer. Con la percepción y el convencimiento de
nuestras debilidades he imperfecciones se nos hace evidente la
necesidad de la Misericordia divina. El camino avanza en medio
de la perplejidad, entre dos polos, que como un péndulo
nos envía de uno al otro. No hay compasión sin rigor,
ni rigor sin compasión.
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Autorización divina y secreto
Podemos abordar la educación espiritual de la vía
bajo varias perspectivas y evocar especialmente el papel que desempeñan
los discípulos unos con otros, y el lugar que ocupa la
fuente espiritual, es decir el guía. Una vía no
es nada más que una comunidad espiritual: cada uno recibe
y cada uno da. Más recibimos y más damos, y más
damos, más recibimos: "Da lo que tienes en el bolsillo,
Dios te dará lo que aún esta en el misterio".
Todo empieza por un acto de entrega, y por ese hecho recibimos.
En una comunidad espiritual, las actividades de cada uno es una
forma de entrega, de don. Es preciso tomar conciencia de eso y
evitar decir: "Solo podré ser útil a los demás
cuando haya recibido lo suficiente". Eso es un escollo, porque
es dando que nos predisponemos a recibir. Así algunas personas,
por exceso de modestia, pero también por una mala orientación,
se recluyen en una especie de pasividad y piensan que deben esperar
una cierta madurez interior antes de emprender una acción
cualquiera. Podemos esperar mucho, porque jamás estamos
lo suficientemente maduros. En una vía espiritual, estamos
siempre en perpetua evolución y un juicio de esas características
es una barrera, ¿cuándo podemos verdaderamente decir
que estamos maduros? Debemos por lo tanto, de múltiples
maneras, ponernos al servicio de los demás respetando las
reglas del juego de la vida comunitaria. ¿A fin de cuenta,
cual es el interés de una vía espiritual? Es una
comunidad que recorre un camino y como meta se propone crear las
mejores condiciones posibles para que tenga lugar un trabajo espiritual.
En consecuencia, todo debiera estar organizado para ese objetivo.
También hay lo que constituye la razón de ser fundamental
de una comunidad, la que de alguna manera es su corazón
latiente: el ser realizado, que tiene como vocación transmitir
un mensaje - no por voluntad propia sino por mandato divino. Este
ser despierto, el guía, transmite un influjo, una energía
espiritual llamada sirr, que literalmente significa, el secreto.
El guía ha alcanzado un grado tal de realización
espiritual y unión, que recibe ese secreto divino y con
él la autorización (idhn) de difundirlo. Son muchos
los santos que recibieron el secreto del conocimiento pero sin
estar autorizados a difundirlo. La mayoría de ello nos
son desconocidos y aún si los encontrásemos y nos
sentásemos a su lado, no sabríamos nada de ellos.
A menos de estar en el mismo estado de conciencia que ellos no
podríamos detectarles. Los que como nuestro guía
han sido designados para transmitir el secreto, tienen una pesada
carga. Pero están asistidos en sus enseñanzas, existe
una protección inherente y una asistencia a la transmisión
de ese secreto. Éste también es el papel de los
profetas, pero con funciones más amplias, como el establecimiento
de leyes sagradas, reglas sociales y ritos. A parte de esa función
especifica de los profetas, también hay la transmisión
del conocimiento que se perpetua a través de los santos,
los guías espirituales que recibieron un idhn (una autorización
espiritual) más o menos condicionada o limitada.
Algunos santos pueden transmitir un conocimiento sin darse a conocer:
se les tiene entonces que descubrir, como en el caso de Sidi Abû
Madyan, el maestro de nuestro maestro. Vivió en una época
carente de santos, de maestros manifestados, de quien recibir
una enseñanza. En su búsqueda de un maestro, encontró
muchos otros, y a veces en circunstancias muy difíciles.
Después de muchas peregrinaciones descubrió que
aquél que iba ha convertirse en su maestro no era otro
que su propio vecino que hacia 18 años que vivía
al lado de su casa. Más tarde comentó: "¡Lo
podía haber pensado de cualquiera, menos de él!
Era la ultima persona a quien le hubiera preguntado un consejo
sobre la religión, me parecía un perfecto inculto"
¡No solo parecía inculto, sino que además
tenia reputación de bufón! Sidi Abû Madyan,
jamás imaginó buscar la compañía de
un hombre que invitaba a los notables de la ciudad, les hacia
el té y les contaba historias cómicas, por lo menos
era difícil imaginar que en esa persona se pudiera encontrar
algún conocimiento de Dios. En realidad era un malâmati,
un hombre realizado que se disimulaba bajo el "disfraz"
de la vulgaridad y que pertenecía a la tarika Tijaniyya;
se llamaba Sidi al-Mâhdi ben'Ariane. Así cuenta Sidi
Hamza, nuestro maestro, el encuentro entre Sidi Abû Madyan
y Sidi ben'Ariane: " Abû Madyan visitaba con frecuencia
un faqîh (un maestro del Coran), intuyendo que le podía
ayudar en su búsqueda. Un día el faqîh le
dijo: " Esa ciencia que buscas, la tuve un tiempo, pero ahora
ya no la tengo. Si quieres encontrarte con tu maestro, ves a tal
sitio a la hora de la oración del alba. Cumple con la visita
a ese santuario y al salir encontrarás al que tú
buscas." Llegado el momento, se desplazó hasta el
santuario situado en lo alto de una pequeña colina. Una
vez cumplido con el ritual, se apresura en salir y de lo alto
de la colina distingue un hombre subido sobre una mula:"Este
es el polo (qutb) que buscas, le dijo ese hombre.¿Qué
quieres que te haga el qutb?" Sidi Madyan no podía
creer lo que sus ojos veían, aquel hombre encima de la
mula no era otro que Sidi ben 'Ariane, el vecino de la casa de
al lado, al que él le tenia muy poca estima. Corrió
hacia él, y llorando le beso los pies. Sus lagrimas corrieron
abundantemente. "Bien sabes Sidi, le dijo, que todos estos
años, mi búsqueda fue sincera. ¿Cómo
has podido dejarme al abandono? - No había llegado el momento,
le dijo Sidi ben 'Ariane. Ven ahora conmigo, te voy a transmitir
todo lo que necesitas" En su periplo Sidi Abû Madyan
conoció muchos maestros anónimos o conocidos únicamente
por pequeños círculos, recibiendo varias idhn (autorizaciones),
hasta que Sidi ben'Ariane le transmitió expresamente la
autorización para enseñar.
Comprobamos que hay momentos en donde los maestros enseñan
abiertamente y en otros de manera oculta y reservada. Con frecuencia
cuando ocurre la manifestación de un maestro, este recibe
la misión de comunicar la vía, de transmitir su
enseñanza; entonces se constituye alrededor de él
una comunidad de gente que acude para recibir su enseñanza.
La constitución de una comunidad esta determinada por la
existencia de ese sirr (ese secreto) vinculado por ese idhn (autorización
para su transmisión) entregado al maestro para que lo comunique.
Esto condiciona todo el resto: las relaciones van a tejerse, a
organizarse en torno a la existencia de ese sirr y de su idhn.
En una qasîda (canto sagrado), un refrán precisa:"¡
Di con claridad y convoca!" El sirr mencionado es como una
fuente en medio de un jardín que todo irriga. Nuestros
corazones, nuestras relaciones, nuestro comportamiento, nuestras
actitudes son irrigadas por el sirr. "¡El sheik da
nacimiento, los foqarâ educan!", dicen unas palabras
de Sidi Hamza. Claro es que el sheik también educa, pero
únicamente cuando el sirr a dado nacimiento a las cosas.
El agua espiritual fluye y los foqarâ (discípulos),
que son de alguna manera los jardineros, instalan las canalizaciones,
y hacen que el agua circule para que alcance lo que tiene que
ser fecundado. La función del discípulo consiste
tanto en recibir como en dar: reciben el sirr al mismo tiempo
que se hacen su jardinero. Es alrededor del sirr que se forma
la comunidad. Esta no tiene como función en sí existir
socialmente, esta ahí para cumplir una función.
En torno a la fuente central del sirr se establecen todas clases
de relés posibles; cada faqîh no debe, ni retener
ni hacer barrera a ese sirr, al contrario debe esforzarse en hacerse
lo mas transparente posible para facilitar su trasmisión;
así es a la vez, el que recibe y el que da. Este es el
papel que todos deben desempeñar, dentro de la función
propia de cada uno. Por esto, dentro de la comunidad no debe haber
ninguna discriminación entre las personas; ninguna es mas
o menos importante que otra, todas tienen su importancia. Como
todos transportamos y transmitimos ese sirr, todos tenemos esa
gracia y esa responsabilidad. Pero debido justamente a esa gracia
y responsabilidad existe una diferenciación en las funciones:
algunos cumplen funciones de responsables, otros se ocupan de
los aspectos de la vida comunitaria etcétera. Nadie tiene
menos responsabilidad que otro, cada uno, ahí donde está,
hace todo lo necesario para hacerse transparente al sirr. Ahí
como en todo, hay reglas a respetar, es la condición absoluta
para que el sirr se reparta, para que toque e irrigue los corazones.
No somos una sociedad organizada con castas, grados, subalternos;
todo eso es del ámbito profano. Lo importante en la comunidad
espiritual, es que cada uno asuma la función que le recae,
la diferenciación de funciones existen para crear mejores
condiciones de comunicación. Pero las reglas del juego
deben de ser respetadas. Cada uno es un enlace vivo, un mediador
vivo que por su actitud, su comportamiento, facilita la corriente:
el sirr pasa de unos a otros, lo esencial es no crear obstáculos
y ver mas allá de la exterioridad de las cosas. El sirr
esta vivo siempre que la vía sea viva e imprevisible. Una
vía viva crea movimiento, dinamismo. Debemos intentar servirla
lo mejor que podamos, dentro de un perpetuo cambio, una perpetua
transformación. No pisamos tierra donde todo esté
definitivamente organizado, regulado, distribuido y sistematizado.
De alguna manera es más simple comunicar en comunidades
en las que no hay un sirr vivo que en las que lo hay. Pero justamente
lo que nos interesa y el motivo por el que estamos, es que el
sirr es vivo, la comunidad viene después como un medio
para caminar hacia Dios.
Sin quererlo, estamos influenciados por el entorno donde nos desenvolvemos
y tenemos que mantenernos vigilantes. En efecto, en una comunidad
como la que hablamos, el poder, sea cual sea, no tiene lugar;
constituye una barrera que impide la comunicación del sirr.
Si los grandes maestros sufis consiguieron comunicar el sirr a
sus discípulos y transmitirlo en los lugares más
alejados, precisamente es porque toda la vida se han ejercitado
en extraer de sus corazones todo apetito de poder. " Nos
hemos vuelto tan débiles que hemos adquirido toda la fuerza
posible", dice una qasîda. Dentro de la vía
es otra cosa la que esta en juego. Debemos respetar las funciones
de unos y otros, porque somos medios de transmisión; lo
que se respeta a través de esas funciones, es a la vez
lo que se transmite y el idhn dado. Cada uno, ahí donde
se encuentra, se esfuerza en no oponerse a esa transmisión,
a esa relación con la fuente: va de la supervivencia de
la comunidad. Debemos sentirnos conectados con la fuente y trabajar
para hacernos lo más transparentes posible a la presencia
de ese sirr. Pero la verdadera transparencia del sirr, lo que
le deja manar en su pureza, claro esta, es el corazón del
sheik, un corazón libre de todo ídolo y de afán
de poder que ha vuelto al estado de servidumbre absoluta. Ese
es la verdadera orientación. Cada uno de nosotros debe
orientarse hacia esa transparencia, hacia ese sirr, y contribuir
a su comunicación, a su difusión. Como dice Ibn
Atâ Allâh: El que ha recibido el sirr, ha recibido
la semilla de santidad.
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Guía y Discípulo
Para encontrar la vía, se necesita primero encontrar el
maestro; lo que no implica forzosamente un encuentro físico
con él; expresándolo de otra manera: el espíritu de la vía
es el espíritu del maestro. El encuentro con la vía ocurre
de muchas maneras, a veces es evidente y con señales tangibles
como en los casos de sueños que anuncian el encuentro con
el guía o algunos de sus discípulos, en otras ocasiones de
manera más directa, haciendo eco a una experiencia íntima
inscrita en el pasado y significando que no hemos llegado
hasta aquí por casualidad. El padre de mí maestro, Sidi Al-Hâdj
Abbâs, decía con frecuencia: "Las personas creen en general
que son ellas las que encuentran nuestra vía, cuando en realidad
es la vía, la que encuentra las personas." El discípulo experimenta
directamente esta sensación al comprobar que la llamada existía
en estado latente en su ser más profundo y que responde a
ella en el momento adecuado.
Seguir el camino, es experimentar y gustar de su propio
ser. Es entonces cuando un espacio nuevo se abre y permite
descubrir el guía. Un sufi, Abû al-Abbas al Mursi, decía":
Es más fácil conocer a Dios que al maestro". Dios puede ser
conocido por sus cualidades de perfección, mientras que el
maestro hace figura de velo ¿ Acaso no es un humano de carne
y huesos, que bebe, come y duerme? ¿Cómo conocer su realidad
interna? Es ciertamente más fácil - por lo menos hasta cierto
punto- imaginar las cualidades divinas y sus beneficios. En
cuanto ocurre el encuentro con el maestro y con la vía en
todas sus facetas, vamos de descubrimiento en descubrimiento.
Una de las funciones más importante del maestro -y puede que
sea la más importante- es hacernos descubrir nuestro propio
maestro interior. Es decir, permitirnos acceder a esa dimensión
interior que no es otra que el maestro en uno mismo. El verdadero
maestro que guía sobre la vía del Bien, evita que se le tome
por otra cosa que no sea su papel de servidor o como representante
de lo divino y el motivo es que esa teofanía de Dios en el
maestro conlleva algún peligro para el discípulo; este puede
ser tentado en idolatrarlo y con ello llevarle a una fascinación
sin limites. Por lo tanto el verdadero cometido de un guía,
consiste en no dejarnos llevar por una especie de fervor,
pero mas bien operar en nosotros una abertura interior que
permita el desarrollo de un amor real hacia él. Es así, que
a veces un discípulo siente para su maestro un amor espiritual
tan intenso, que para algunas personas le parece incomprensible;
y es cuanto más sorprendente al comprobar que exteriormente
el maestro es en todo punto similar a cualquier otra persona.
En Marruecos, conocí grandes teólogos e intelectuales
que no podían comprender que algunos de sus colegas, tan conocidos
y tan reputados como ellos, concebían una admiración sin limite
a mi maestro, él, que a sus ojos no les parecía disponer de
cualidades excepcionales. Un maestro es un maestro. Es tal
como es; no juega a parecer algún personaje; adapta su comportamiento
en función de las necesidades propias de cada situación; en
tal situación puede que hable, en otra se mantendrá en silencio,
aun cuando todos los que le rodeen quieran que hable... De
hecho, la comunicación esencial se produce en el nivel que
llamamos " de corazón a corazón", jamás su intención es satisfacer
a la imagen que los demás esperan de él. Gracias a
una alquimia interna, la relación maestro discípulo se va
modificando y evolucionando de tal forma que se nos permite
progresivamente conocer su interioridad y su realidad espiritual.
Cuando fui a ver, por primera vez a mi maestro, Sidi Hamza,
no sentí nada particular ni significativo. Estaba simplemente
muy a gusto en su presencia y para nada impresionado. Sin
embargo muchos otros estaban como paralizados a la idea de
encontrarse con él; y eso que en general eran individuos psicológicamente
bien asentados y con fuertes personalidades, pero se paraban
a algunos metros de la puerta de mi maestro sin atreverse
a entrar, incluso los había que daban vuelta atrás y se marchaban.
Mi maestro recibía a todo el que quería verle, sin excepción.
Por aquel entonces me parecía incomprensible la actitud de
aquellas personas hasta que vislumbré que un maestro puede
ser "percibido" bajo perspectivas diferentes. La pedagogía
de nuestro maestro consiste en operar en cada uno de nosotros,
una transmutación interna. Esta transmutación ocurre por diferentes
" métodos", el primero es autorizarnos a practicar el dihkr
y a continuación todas las otras practicas propias de la vía.
Entonces poco a poco algo empieza a transformarse en nosotros;
es el momento que contiene la posibilidad para que nos lleve
a otro conocimiento, alejándonos de su aspecto externo y mostrándonos
la realidad del corazón. No tenemos que olvidar, que el corazón
del hombre es el Trono de Dios y que se encuentra en la interioridad
de cada uno de nosotros; precisamente hacia esa interioridad
es a la que nos convida nuestro maestro. No hacia él, como
persona, nos atrae, sino hacia su ser interno.
Y así como anteriormente lo hemos mencionado, esta relación
de corazón a corazón permite el nacimiento de un amor inconmensurable
para el maestro, aun cuando el discípulo no haya tenido un
encuentro físico con él. Este fue el caso de Uwais al-Qarnî
(celebre asceta del Yemen) que profesaba para el Profeta-¡
salvación y paz sobre él!- un amor sin limites, pero que a
pesar de ser contemporáneo nunca pudo visitar. Al Profeta,
cada vez que se giraba hacia el Yemen, le gustaba repetir
"¡ los halitos de la misericordia vienen del Yemen!" Y cuando
se le preguntaba el porqué, contestaba " Porque allí vive
un hombre de Dios que se llama Uwais al-Qarnî". Es por la
sinceridad, la orientación y la polarización del discípulo
que el maestro puede abrirse y hacer que el secreto espiritual
que él detiene sea accesible a cada discípulo. Y todo
esto ocurre mas allá de las apariencias. Sin embargo la apariencia
puede ser utilizada como llave de acceso. El maestro, polo
de atracción y símbolo vivo, permite una relación de intercambio,
de comunicación de energía espiritual o de una fuerza de atracción.
Pero en cuanto el discípulo a hollado una parte del camino,
la relación se transforma de una manera completamente diferente
de lo que al principio hemos evocado y de lo que inicialmente
se percibía o concebía; el soporte físico como instrumento
de orientación, no era mas que una etapa hacia el secreto
del guía. Así, las primeras etapas del recorrido consisten
en posicionarse en un area magnética. ¿Puede compararse esa
fuerza de atracción con lo que se siente en una relación amorosa?
Sin duda, es una relación del mismo orden, pero de otra naturaleza.
En una vía espiritual viva y auténtica, nos encontramos con
personajes de horizontes sociales, culturales, lingüísticos
muy diferentes; perfiles sicológicos completamente distintos,
incluso opuestos, que solo la vía puede reunir. Esas personas,
entre ellas no tienen ninguna afinidad si no es orientarse
hacia el mismo maestro para la realización única de Dios,
y si esa afinidad no existiese en las almas, aunque sea de
manera inconsciente, ciertamente no hubiese tenido ninguna
razón para encontrase. Pero, justamente tienen en común un
elemento esencial que permite esa afinidad.
Unas palabras del Profeta - que la paz y las bendiciones
de Dios sean sobre él- aluden a este tema ": Las almas que
se conocieron en la pre-eternidad, se reencontraran en este
mundo. Y las que se alejaron en la pre-eternidad, se alejaran."
Esto significa que existe una afinidad en las almas que es
" anterior" a su encuentro en este mundo. Esta afinidad entre
almas es la misma que se manifiesta entre ellas y el alma
perfecta del guía espiritual. Si la relación con esta alma
perfecta, o dicho de otro modo, la puesta en orbita alrededor
de ella es posible, no es debido a un efecto del azar. Las
afinidades a las que nos referimos, trascienden todos los
aspectos contingentes. Si la cuestión de distancia cultural,
lingüística, social puede, al principio representar un obstáculo,
a medida que recorremos el camino en la vía del corazón, se
experimenta entre las almas una extraordinaria comunión. Y
se hace patente, la importancia del guía, como centro alquímico
que posibilita el acercamiento entre ellas. Con frecuencia
he visto hermanas y hermanos de la vía que jamás habían tenido
la oportunidad de acercarse físicamente al maestro, expresar
hacia él similares propósitos que los que permanecían junto
a él. Todos manifiestan modalidades de comprensión, percepción
interior y expresión espontánea frente al maestro, que se
evidencia que beben en una misma fuente. El maestro es esa
fuente viva que se renueva constantemente. Por supuesto, hay
discípulos que tienen responsabilidades, algunos son mas antiguos
que otros; sin embargo en la esencia de la relación maestro-discípulo,
sea cual sea su antigüedad, su responsabilidad o su posición,
todos y cada uno tienen la posibilidad de esa abertura interior
hacia el conocimiento: Una relación intima de corazón a corazón
entre el maestro y el discípulo.
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